Visitar la ciudad de Oostende, en la región de Flandes, Bélgica.

Visitar Oostende y sus playas

Si bien Bélgica casi no tiene lugares de playa, cuenta con dos ciudades que son bañadas por la belleza del agua del Mar del Norte. Una de ellas es Ostende. No es del todo conocida por los turistas extranjeros, sin embargo es altamente recomendable que no la dejes de lado en tu paso por Bélgica porque también tiene rinconcitos interesantes y curiosos que no puedes perderte.

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Por Lídia Florensa

Visitar Oostende, Bélgica

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Guía de turismo Ostende

Oostende (en belga) u Ostende (es español) es una ciudad que está ubicada en la provincia de Flandes Occidental, a unos 30 km. de Brujas, capital de dicha provincia. Las diferentes ciudades de todo el territorio se encuentran comunicadas por una línea ferroviaria rápida y confortable. Aunque es importante señalar que a Ostende hay otras formas de llegar, por lo pronto tiene su propio aeropuerto internacional.

Lejos de tratarse de una ciudad de pradera y bosques, Ostende es un típico pueblo costero, de pescadores y comerciantes pequeños cuya historia se encuentra sumamente vinculada con el mar y la pesca. Es un destino más recomendable en verano si se desea disfrutar de sus playas: el agua es fría incluso en esta estación, ¡imagínate en invierno!

Las playas de Oostende

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En Bélgica, Ostende es famosa por sus playas y la llaman “la reina de los balnearios“. Es un lugar idóneo para tomar el sol por las tardes o disfrutar de nuestro deporte favorito: el windsurfing. Y donde también podremos pasar agradables noches en buena compañía, dado su amplio abanico de posibilidades de divertimento.

La ciudad en sí es pequeña, tanto que en un solo día la habrás recorrido toda, sin embargo tiene pequeños rincones únicos que no puedes perderte, ya sabes lo que dicen que lo bueno viene en frascos pequeños.

Tiene un largo paseo junto al mar, que va rodeando su larga playa; a su vera hay hoteles para todos los gustos y apartamentos ideales para un alquiler vacacional. Además hay numerosos y pintorescos restaurantes donde comer las delicias típicas del lugar: lenguado al estilo de Ostende o los famosos moules con patatas fritas; no olvidemos que Bélgica es el país de las patatas fritas.

El puerto de Ostende

El puerto de Ostende tiene unas vistas alucinantes sobre el mar; los días en los que la corriente está un poco embravecida puede ser impresionante ver las olas romper sobre la piedra maciza del muelle y disfrutar de las bellezas del imponente océano. Y si continúas caminando desde el puerto llegarás a la parte vieja de la ciudad, donde se cita el mayor afluente de turistas.

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La Catedral y otros edificios de Ostende

Las esbeltas y macizas torres de la Catedral de San Pedro y San Pablo son uno de los iconos de la zona vieja de la ciudad, y posiblemente de toda Ostende. Este edificio cuenta con un estilo neogótico, y se dice que terminó de construirse ya entrado el siglo XX. Alrededor de tamaña iglesia se hallan numerosos puestos de venta, donde se puede conseguir el mejor pescado de la ciudad.

Por las noches la variedad es amplia pero seguramente uno de los lugares más visitados por los turistas se encuentra el casino; se trata del más grande y famoso de Bélgica y en un enclave totalmente artístico. El propio edificio se encuentra adornado con importantes colecciones de arte. Una oportunidad de divertirte y empaparte del arte belga inestimable

El Fuerte Napoleón es otro de los puntos de Ostende que no puedes perderte. Nos cuentan que ante el temor de que la ciudad fuera invadida por los ingleses, Napoleón Bonaparte ordenó que se construyera una inmensa fortificación con forma de pentágono que todavía permanece de pie, varios siglos después. Este fuerte se encuentra a pocos metros de la costa y es un edificio muy relevante a nivel histórico porque allí sentaron bases los alemanes en ambas guerras mundiales. En lo turístico, es un lugar que no puedes dejar de visitar. Desde su terraza obtendrás las mejores vistas de la ciudad; sin mencionar que puedes disfrutar de una entretenida visita guiada a los aposentos, con actividades diversas para los turistas. El precio de la entrada ronda los 5 euros, dependiendo de la época y la edad de los turistas.

Y, como no podía ser de otro modo en toda buena ciudad belga, Ostende también tiene sus parques. No son grandes pero tienen un encanto que estamos seguros que te dejará deslumbrado. Si bien existen varios lugares verdes en los alrededores de la ciudad los más relevantes son el Leopoldpark (muy cerca de la avenida Koningstraat), el Mariahendrikapark (un poco más alejado del mar pero con preciosos estanques en su interior) y el Jardín japonés (en pleno Koningspark).

Por último te recomendamos que, si te decides a viajar a Ostende también te des una vuelta por la otra ciudad marítima de Bélgica. Se llama Knokke y es un resort de playa deslumbrante; si bien es un lugar bastante caro, vale la pena ver los enormes caserones y disfrutar de las vistas de un sitio que alberga la playa más famosa del país, Albertstrand.

Ubicación, como llegar

Gracias a la fantástica comunicación que existe en Bélgica, puedes llegar a Ostende en tren, en la misma línea que pasa por Gante y Brujas.